21 de Agosto

DÍA DEL CATEQUISTA

ORACIÓN DEL CATEQUISTA

 

Señor Jesús:

Aquí me tienes para servirte

y colocar a tus pies la labor

que estoy desempeñando.

 

Tú me escogiste para ser catequista,

anunciador de tu Mensaje a los hermanos.

Me siento muy pequeño e ignorante,

soy a menudo inconstante,

pero sé que Tú me necesitas.

Gracias por confiar en mí,

pequeño servidor tuyo.

Estoy pronto a cumplir esta hermosa tarea

con sencillez y modestia, amor y fe.

Quiero ser instrumento tuyo

para despertar en muchos hermanos:

cariño por tu persona

confianza en tus promesas,

deseos de seguirte como discípulo.

Bendice día a día mis esfuerzos;

pon tus palabras en mis labios,

y haz que, en comunión

con mis hermanos,

pueda colaborar

en extender tu Reino.

María, tu que seguiste

siempre con fidelidad

las huellas de tu Hijo,

guíanos por ese mismo camino.

Amén.

¿Qué se hace?

Se realizan jornadas, debates y coloquios donde los fieles pueden participar y conocer más sobre la vida religiosa y cristiana. Los catequistas que realizan sus funciones de una forma altruista pretenden hacer llegar la palabra de Dios a los confines de la tierra. Ellos no forman parte de los religiosos en la Iglesia, ellos son laicos, y en este sentido ahí se encuentra la grandeza de estas personas. Enseñan, ayudan, enriquecen de fe a las personas con todo lo que ellos saben y enseñan de la Iglesia.

¿Cuándo se celebra?

El Día del Catequista se celebra el 21 de agosto en Argentina. La Iglesia Católica agradece a cada uno de sus miembros y sobre todo a los catequistas la labor que hacen enseñando la palabra de Dios a toda la gente y sobre todo a los jóvenes.

 

Origen

El comienzo del Día del Catequista lo encontramos en recuerdo al Papa San Pío X. Toda su vida estuvo marcada por alabar la gran labor y entrega de los catequistas por enseñar y acercar la fe a los ciudadanos. El Papa Pío X ejerció su pontificado entre los años 1903 y 1914. Toda su actividad como Papa estuvo marcada por la importancia que dio a la catequesis y a la pastoral. Promocionó la comunión frecuente y dispuso las formas de preparación para que los niños accedieran al sacramento, redactó un catecismo, se ocupó de la formación del clero y de promover el canto litúrgico. También incentivó la organización de los distintos movimientos y asociaciones de laicos que por aquellos años comenzaban a surgir en la Iglesia.

La caridad del catequista

 

Quiero compartir con todos/as los catequistas algunas palabras de la obra “Catequesis para los ignorantes” (De Catechizandis Rudibus), escrita por San Agustín en el año 400. San Agustín recibió una carta de su amigo diácono Deogracias. En ella, el diácono  le planteaba esas preguntas que nos seguimos planteando los catequistas hoy: cómo hacer para que los catequizandos se entusiasmen, cómo hacerme entender, qué métodos emplear, etc. San Agustín le contesta con un pequeño tratado sobre la catequesis, donde aborda tanto los aspectos metodológicos como el contenido doctrinal. Y también comenta las actitudes y disposiciones necesarias en el catequista para llevar adelante su tarea:

“Ciertamente que si nos cansa repetir a menudo las enseñanzas usuales y apropiadas para niños, será necesario que nos adaptemos a ellos con afecto fraternal, paternal y maternal, y así unidos a sus corazones hasta a nosotros mismos nos parecerán novedosas.

En realidad, vale mucho el afecto de un corazón que sabe compadecerse de los demás. Y así como ellos se encariñan de nosotros que les enseñamos, así nosotros de ellos, que aprenden. Compenetrarse mutuamente, de manera que ellos escuchando nos atiendan con sus mismas palabras; y nosotros enseñando, aprendamos de ellos a expresarnos en forma que les guste.” (Cap. 12)

Como transmiten el mensaje de Dios los catequistas

 

Para transmitir fielmente el mensaje de Dios debes llenarte de Dios, ser una persona con una profunda vida interior, que reconoce el valor de la oración y que ama profundamente a Jesucristo y a su Iglesia. Este amor forzosamente se reflejará en tu trabajo de catequesis. Por esto, el catequista que la Iglesia necesita:

  • Tiene una profunda vida de oración

  • Mantiene una relación personal con Jesucristo. Lo ama realmente.

  • Reconoce la acción de Dios en su tarea de catequesis, lo deja actuar por medio del Espíritu Santo y recuerda siempre que El sólo es un instrumento para sembrar la semilla que Dios hará germinar.

  • Valora la vida de Gracia y por ello se acerca frecuentemente a los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. Sabe que si el sarmiento se separa de la vid, no podrá dar fruto.

  • Ama a la Iglesia profundamente. Se alegra con sus triunfos y se entristece con sus fracasos.

  • La defiende de los ataques de sus enemigos y trabaja por su extensión.

  • Reconoce al Papa como la autoridad suprema de la Iglesia. Estudia su palabra y la toma como propia.

  • Reconoce a María como su gran aliada en la tarea de la catequesis. Le tiene una gran devoción que la manifiesta con la imitación de sus virtudes.

  • Su testimonio guía a preferir a Dios sobre todos los atractivos del mundo, es testigo del gran tesoro de la fe católica por el cual vale la pena luchar.